Ambiente
Todo lo que convierte el jardín en un lugar donde uno se queda por la noche: muebles, sombrillas, cocina exterior, fuego y luz.
Acceso al mar en terrenos de playa
En la playa el jardín no termina, solo cambia. El viento, la arena, el salitre y la duna deciden qué aguanta ahí.
Desde hace años trabajamos en terrenos frente al mar y sabemos dónde empieza la zona federal y qué permisos hacen falta.

Duna, andadores, acceso a la playa y muelles: los trabajos que distinguen un terreno frente al mar de cualquier otro jardín.
Plantas nativas como uva de mar, riñonina y pastos de duna en lugar de un muro de concreto. Una duna viva resiste mejor las tormentas y es más fácil de autorizar.
Muelles de madera sobre pilotes, en la ciénaga o hacia el mar, con piso de tzalam o jabín, ranurado antiderrapante y hecho para poder cambiar tablas sueltas.
Andadores elevados de madera sobre la duna, con escalera hasta la arena. Así se llega a la playa sin pisar las plantas.
Si su terreno toca la ciénaga, el manglar está protegido por la ley. No lo tocamos: el jardín termina con un borde claro antes del manglar.
Donde el oleaje se lleva el terreno, lo protegemos con roca caliza de la región, colocada y no solo vaciada, y solo donde un estudio lo justifica y la autoridad lo autoriza.
Frente al mar aplican las normas de la zona federal marítimo terrestre y de protección ambiental. Le decimos pronto qué es posible y preparamos las solicitudes.
Los trabajos en la playa tienen una ventana de tiempo. Entre la anidación de las tortugas marinas, la temporada de huracanes y los nortes, quedan pocos meses al año para construir sobre la duna. Quien planea con tiempo no pierde un año.
Si el acceso es estrecho, llevamos el material por partes y en carretilla. Así se cuidan el pasto, la duna y la paciencia de los vecinos.
Revisamos la zona federal, las áreas protegidas y la duna de su terreno.
Se reúnen los planos y documentos para la autoridad.
Programamos los trabajos dentro del periodo permitido.
Duna, andador, muelle y plantas se hacen de una sola vez.
Un andador sobre la duna casi siempre es posible. Los muelles nuevos necesitan permisos federales y se autorizan pocas veces; los existentes por lo general se pueden renovar. Revisamos lo que hay y le decimos pronto qué es posible.
Mejor no. Las plantas sostienen la duna frente al viento y las tormentas. Abrimos un paso angosto hacia la playa y dejamos el resto como está.
Los pilotes de madera dura o de concreto, bien protegidos, duran muchos años; el piso de arriba, según la madera y el cuidado, de diez a quince años.
Todo lo que convierte el jardín en un lugar donde uno se queda por la noche: muebles, sombrillas, cocina exterior, fuego y luz.
Diseñamos su jardín antes de que la primera pala toque la tierra: medición, plano y una vista en 3D en la que ya ve cómo va a quedar.
Albarradas, escaleras, senderos y terrazas de piedra caliza y madera tropical, hechos para aguantar sol, salitre y huracanes.
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